Los espacios en blanco de la ciudad: de Abu Dabi a Biskra, por qué los espacios abiertos no se utilizan

Un estudio que abarca desde el Golfo hasta el Sáhara ha descubierto que la accesibilidad no equivale a la tasa de uso. Cuando hablamos de ciudades habitables, ¿de qué estamos hablando realmente?

Por la tarde en Abu Dabi, el sol blanquea las calles. Por las amplias avenidas arboladas, el tráfico fluye sin cesar, y los parques a ambos lados de la vía están llenos de verdor, pero a menudo solo se oye el sonido de los aspersores. En Biskra, Argelia, en la plaza al borde de la ciudad vieja, la gente se sienta en los escalones de piedra, toma té y mira a los niños perseguir palomas: allí no hay demasiadas huellas de diseño, pero está lleno del aire de "ser usado".

Estas dos imágenes son un reflejo de dos filosofías urbanas. Un estudio publicado en Frontiers in Sustainable Cities coloca a estas dos ciudades, aparentemente sin conexión alguna, bajo la misma lente, para intentar responder una pregunta aparentemente sencilla: ¿por qué algunos espacios abiertos están siempre repletos de gente, mientras que otros, incluso con un buen diseño, permanecen vacíos?

El equipo de investigación utilizó análisis de sintaxis espacial, combinado con observación in situ del flujo de personas, para comparar la accesibilidad de los espacios abiertos urbanos y el flujo peatonal real en Abu Dabi y Biskra. Sorprendentemente, en Abu Dabi, ciertas áreas definidas como de "alta integración" en la estructura espacial no se convirtieron en lugares de concentración de personas; mientras que en Biskra, muchos espacios de difícil acceso están llenos de vida debido a los hábitos cotidianos de la gente.

Este estudio no pretende negar el valor de la accesibilidad para las ciudades habitables. Al contrario, nos recuerda que la lógica del uso del espacio urbano es mucho más compleja que un mapa.

Dos ciudades, dos "razones para caminar"

La trama urbana de Abu Dabi está casi por completo entregada al automóvil. Supermanzanas, carriles anchos y distancias de varios kilómetros entre destinos hacen que caminar sea una opción incómoda. Incluso en las estaciones de clima agradable, los residentes prefieren conducir hasta el parque y luego sentarse en un banco a leer o hacer un picnic. La accesibilidad del espacio es casi perfecta en los mapas satelitales, pero los recorridos reales de la vida están sustituidos por la lógica del automóvil.

Biskra, en cambio, conserva otro tipo de ADN. Esta ciudad oasis de larga historia tiene calles estrechas y edificaciones densas; muchos espacios abiertos no son parques formales, sino "salones urbanos" formados de manera natural por los intersticios entre los edificios. Aquí, caminar no es solo un medio de transporte, sino un hábito de vida. Quizás la gente no vaya específicamente a un "lugar de interés", pero cruza la plaza de camino a casa, se detiene en el puesto de té de la esquina y charla un rato con los vecinos.

Por eso, cuando los investigadores comparan ambos lugares, no solo ven diferencias en la configuración espacial, sino también dos definiciones radicalmente distintas de lo "público" en ambas culturas urbanas.

Las variables más allá del diseño

Un hallazgo importante de este estudio es que existe una "brecha" entre la accesibilidad espacial y el uso real. En Abu Dabi, incluso si un parque está diseñado como un nodo central de la zona, sus usuarios se limitan a los residentes cercanos; mientras que en Biskra, algunos espacios abiertos informales ni siquiera tienen una entrada claramente definida, pero son considerados por los lugareños como el corazón de la comunidad.Detrás de esto, se encuentra el resultado de la interacción entre clima, cultura, hábitos sociales y diseño espacial. Para las ciudades del Golfo, el sol abrasador y la humedad hacen que caminar sea en sí mismo un desafío; mientras que en la zona de encuentro entre el Mediterráneo y el Sáhara, los patios y callejones sombreados animan naturalmente a la gente a ir más despacio. El estudio cita a académicos para señalar que la forma urbana puede tanto «permitir» como «impedir» los encuentros y la socialización, y esta afirmación se confirma claramente en ambas ciudades.

Lo que tiene mayor relevancia práctica es que el estudio no se limita a comparar las ventajas y desventajas de las dos ciudades. Los planificadores urbanos de Abu Dabi están empezando a reconsiderar el modelo de desarrollo orientado al automóvil, mientras que Biskra necesita pensar en cómo mejorar la infraestructura actual manteniendo al mismo tiempo la vitalidad de sus comunidades tradicionales. Ambas se encuentran en sus respectivas encrucijadas.

¿La ciudad habitable se diseña o se vive?

Para los residentes urbanos acostumbrados a las listas de «ciudades habitables», esta investigación ofrece una nueva perspectiva: la habitabilidad de una ciudad quizás no radica en cuántas áreas verdes tenga, sino en si esas áreas verdes realmente se integran en el ritmo de la vida. Un parque perfectamente diseñado, si la gente no puede llegar sin depender del automóvil, se acerca más a una «muestra paisajística» que a un «espacio público».

Igualmente importante es que los usuarios del espacio urbano suelen saber mejor que los planificadores cómo «crear» espacio. El caso de Biskra nos recuerda que, a veces, el mejor diseño es humilde: ofrecer un banco, una sombra, un hueco que permita desviarse del camino principal. Y Abu Dabi nos demuestra que incluso la infraestructura más grandiosa necesita volver a dialogar con la escala humana.

Quizás lo que realmente debemos preguntarnos no es «cómo hacer que más gente use los parques», sino «qué tipo de espacio merece que la gente se detenga expresamente por él». La respuesta suele esconderse en aquellos rincones que ya son apreciados por la gente, pero que los planificadores han pasado por alto.

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