Cuarenta años, una ciudad: Mánchester busca a su próximo timonel cultural

La jubilación de Dave Moutrey hace que una ciudad reflexione sobre el verdadero significado del liderazgo cultural. Mánchester no necesita solo un sucesor, sino a alguien que comprenda el punto de encuentro entre el ecosistema creativo y la vida urbana.

El "momento de retiro" del director de cultura de la ciudad

En Mánchester, incluso un anuncio municipal tiene cierto ritmo. Cuando Dave Moutrey, director de las industrias culturales y creativas, anunció su jubilación, la noticia oficial usó la frase "comienza la búsqueda". Ese verbo parece más propio de elegir al vocalista de una banda que de cubrir una vacante administrativa.

Cuarenta años bastan para que una ciudad industrial se sacuda el polvo y adopte una fisonomía tejida por la música, el diseño, los muros de ladrillo junto a los canales y los conciertos de madrugada. La trayectoria de Dave Moutrey es como un reflejo de esta ciudad: el valor de la cultura ya no se mide por un teatro, sino por si está integrada en la vida de los barrios y si logra que los jóvenes quieran quedarse.

Este puesto ya no es tan simple como "repartir presupuesto"

La persona que Mánchester necesita es definida como "de clase mundial". Pero ¿qué significa ser de clase mundial en el ámbito cultural? Quizás no sea tener el centro de arte más lujoso, sino tener la capacidad de hacer que el espacio público de la ciudad realmente respire.

Lo que el nuevo director tendrá que afrontar va mucho más allá del tradicional "gestión administrativa del arte". El transporte de conexión después de que termine un concierto a las 2 de la madrugada, los permisos temporales para naves industriales antiguas, la presión del alquiler en los pequeños estudios creativos, el ecosistema callejero donde conviven revistas independientes y tiendas virales... Todos estos son temas de la cultura urbana contemporánea. La frontera entre la cultura y la vida en la ciudad es cada vez más difusa; por eso, quien dirige los asuntos culturales se convierte, en realidad, en el diseñador de la experiencia cotidiana de la ciudad.

Que la ciudad sea el escenario donde ocurre la creatividad

La confianza cultural de una ciudad no siempre ocurre bajo los reflectores. Es más común encontrar momentos así: en la pared de una cafetería hay carteles de bandas locales; el dueño de la librería de al lado conoce a cada artista que entra; un viejo almacén ahora funciona como estudio abierto; y los fines de semana, la gente en la calle sigue el sonido de la música hasta la zona verde cercana.

Que Mánchester busque a la próxima persona al timón de la cultura es, precisamente, buscar un apoyo continuo y estructural para estos momentos aparentemente dispersos. Quiere que el nuevo responsable no sea solo un traductor entre los artistas y el ayuntamiento, sino también un detector entre dos contextos.

En el instante en que Dave Moutrey entrega el testigo, Mánchester se pregunta a sí misma: en los próximos veinte años, ¿qué tipo de ciudad queremos ser? La respuesta no está en las estrategias culturales de otras ciudades, sino en cada experimento que está sucediendo en las esquinas de esta ciudad. Lo que tiene que hacer el nuevo director de cultura quizás sea garantizar que estos experimentos no se detengan por falta de resguardo.

Quizás esta sea la parte más fascinante del papel de director cultural: no puede cuantificarse en KPIs, pero deja huella en el estado de ánimo de toda la ciudad.

Registro público · Investigación urbana

Investigación urbana sitúa esta nota en Una revista urbana sobre vida cotidiana, consumo cultural, distritos creativos y vida nómada digital.: fechas, nombres y cambios de estado aún requieren comprobación. los Fuentes deben abrirse antes de reutilizar el resumen; Vida urbana / Gastronomía y cultura / Noche y ocio explica el ángulo editorial local.